sábado, 9 de diciembre de 2017

Son las cinco de la tarde y ya atardece. Me siento raro, estoy tumbado en el sofá viendo las nubes por la ventana mientras escucho Bon Iver. Me siento raro porque por primera vez en un tiempo, la única presión que tengo en el pecho es la de la bronquitis que estoy cogiendo, no la ansiedad habitual. Las canciones pasan, todas parecen iguales pero me da igual, aún no sé cómo, pero han conseguido calmarme. Por un momento me he sentido atemporal, como cuando escucho a Lana y me dejo, entre finas telas, balancear por los acordes de sus canciones. No me falta el aire. No me falta el humo. Será que haber llorado después de tanto tiempo me ha limpiado hasta los capilares. Llevo tantos meses repitiendo que estoy agobiado que ahora se ha convertido en una muletilla. “Hola, estoy agobiado, me llamo Juan Antonio, pero mejor no me llames, porque no tengo tiempo para soportar tus mierdas, las mías y todo lo que esta mierda de vida me ofrece. Estoy agobiado, ¿lo he mencionado ya?” Y me levanto autómata y no pienso en 10 minutos más, ni en que acabe este día, ni el siguiente. No pienso en el futuro porque he asumido que no lo hay. Y a la vez me agobia el futuro en el que no pienso. También me agobia salir, entrar, llegar e irme. Me da miedo el desorden. Me inquieta la paz. Quizá me fuese mejor si pensase que soy menos inteligente de lo que creo. Ceder ante la mediocridad. Al fin y al cabo, no todos nacemos para ser alguien. Aún hay gente que piensa que intento huir. Que me arrepentiré y volveré. Que la tierra nos llama. Y lo que no comprenden es que yo ya me fui hace varios años en busca de la única verdad que todos aceptamos como tal. Y aún no he vuelto. Y nunca volveré. Por lo menos tengo estos momentos de lucidez en los que escribir no mueve mi pecho. Siguen en la ventana unas nubes cada vez más negras. Cada vez más cerca.

lunes, 28 de noviembre de 2016

No hay nada peor que recordar de dónde vienes con el aire frío. 
Recordar cómo subías con las brisas del verano a las nubes hasta llover en la rabia de una precipitación torrencial.
Cuando llega el invierno, precipitarse es lo fácil y lo doloroso. 
Dejarse caer, flotar, balancearse o estrellarse contra el suelo. 
Hay copos fugaces que se posan sobre la punta de mi nariz, copos que aguantarán los fríos mejor que yo. 
Lo que pasa con la nieve son dos cosas: o se va con el sol de la mañana, o se solidifica creando bloques de hielo. 
El temporal no amaina desde hace meses y el sol trabaja el doble para derretir la nieve de mi ventana.
Pero, ¿y si mañana no sale el sol? 
¿Y si me dejo caer?
¿Y si me precipito? 
¿Qué pasará, sol, si mi corazón empieza a congelarse?

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Noventa, presión y depresión.

Duermo en una cama de noventa.
Duermo en una cama de noventa, en las que podría dormir.
Duermo en una cama de noventa, en las que podría, o no, dormir.
Duermo en una cama de noventa sueños que se repiten.
Duermo en una cama de noventa sombras que acarician al viento que suda en mi espalda.
Duermo en una cama de noventa y seis. Con sus pesadillas intactas, y sus sueños aislados bajo la colcha.
Duermo en una cama de noventa, y descarto las ochenta y nueve siguientes por dormir contigo.
Duermo en una cama de noventa en la que me despierto solo.
Duermo en una cama de noventa en las que me despierto solo.
Duermo en una cama de noventa días sin querer levantarme.
Duermo en una cama de noventa voces que me dicen levántate.
Duermo en una cama de noventa voces que me dicen no, hoy no va a ser el día. Vuelve a dormir.
Duermo en una cama de noventa veces que me falta la respiración por seguir en la cama.
En una cama.
No duermo.
No duermo en una cama de noventa.
Y estoy seguro de que no dormiré en ninguna de noventa.

domingo, 15 de noviembre de 2015

De mis noches más claras
veo en la luz.
Y cada vez son más claras 
desde que estás tú.
De mis noches más oscuras
veo en la oscuridad.
Y cada vez veo más, 
cuando tú no estás.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Se acerca el día y ya no te recuerda el viento.
Se acuerdan de ti las campanas una vez al año, yo todos los días… 
Y es que a una persona como la que fuiste tú, y hoy sigues siendo para mí, es difícil de olvidar.
Me acuerdo de ti… 
De tus arrugas, de tu risa, de tu manera de abrazarme y de tu querer.
Pero ya casi no nos recuerdo juntos…
No me acuerdo de tu olor y eso me duele. 
No me acuerdo de tus caricias...
Me duele. 
Me duele haber olvidado algo tan importante, tan solo porque no lo tengo todos los días.
Rabio cada vez que juego a las cartas y las cojo con la mano izquierda… Rabio porque no te tengo delante para llamarme zocato.
Es rabia, es dolor, pena y desesperación saber que nunca más me vas a llamar zocato.
Que nunca me vas a hablar, ni abrazar, ni echar de menos cuando me vaya.
Nunca volveré a saber lo que se siente al salir de tu casa despreocupado y sin echarte de menos en la ida, porque pensaba, tonto… Tonto… Pensaba que siempre ibas a estar. 
Y ya no estás, abuela.
No…
Y el mundo no puede sujetarme cuando grito a solas que te echo de menos.
No hay paredes que me contengan a la hora de volar hacia ti, pero no se despliegan mis alas.
Abuela, estoy llorando.
Estoy llorando y de nada me sirve si no enjugas mis lágrimas.
Puedes volver…, ¿por favor? 
Que se me hacen las noches cada vez más oscuras y tengo miedo.
Tengo miedo abuela, no quiero perder a nadie más.
No estoy preparado para esto.
Nadie está preparado para echar de menos a alguien tanto como te echo de menos yo.
Cada vez estoy mas roto, y necesitarte no ayuda. 
Echarte de menos me rompe y me arregla a la vez.
¿De qué habla la fe, si no me ayuda a acercarme a ti?
Me siento estúpido suplicando un minuto más contigo, como si fuese un crío que no quiere madrugar, como si fuese tan fácil. 
Como si fuese posible…
¿Me has olvidado tú? ¿Puedes olvidarme?
Ya me advertiste de que esto iba a pasar y yo no quise escucharte: “la abuela se va…”. 
Y yo solo te cogí la mano y te dije que nunca dejaría que eso pasase.
Y aquí me tienes, incapaz de haber cumplido la promesa más importante de mi vida. 
¿Cómo espera la gente que cumpla sus absurdas exigencias si no pude salvarte a ti?
A ti, pilar de mi mundo y alma de mi cuerpo. 
A ti no pude salvarte, y ahora no puedo salvarme a mí mismo de reprochármelo todos los días.
Que se ha ido la puta luz de mi vida, JODER.
QUE SIN TI NO SOY NADA.
QUE TE QUIERO.
QUE TE ECHO DE MENOS.
Que te necesito aquí, abuela…
Te necesito. 
Estás muerta joder, ¿QUÉ COJONES SIGNIFICA ESO?
NO ME PARECE BIEN JODER, NADIE ME HA PREGUNTADO SI ESTABA PREPARADO PARA ESTA HOSTIA, NADIE TE DIO PERMISO PARA IRTE, NO DIJISTE NADA.
Vuelve de inmediato y explícame por qué era ese tu momento de partir, porque no entiendo por qué no te quedaste para estar conmigo.
No entiendo esta puta mierda de vida, que me dio a alguien como tú para luego apartarte de mi camino sin ni si quiera avisar.
Y esto es egoísta e irracional, como lo es esta puta vida en la que me ha tocado vivir ahora que no estás.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Quiéreme como si no fuésemos a morir en la vida.
Bésame como si esta noche fuese a dormir contigo y mañana te despertases solo.
Suspira con más frecuencia cuando esté a tu lado.
Desincronicemos nuestros relojes hasta que sea la hora exacta para querernos. 
Para besarnos, para tenernos.
Besémonos. 
Tengámonos.
Ganemos al tiempo buscándonos las cosquillas.
Seamos los acordes de tu canción favorita.
Muramos como si hubiésemos querido alguna vez de verdad.
Crea verdades en mis hoyuelos, fantasías en mi espalda. 
Hagamos que las estrellas brillen sin motivo. 
Riamos como si estando muertos notásemos la brisa de nuestros alientos en el cuello.
Gritemos, porque gritar está tan sobrevalorado como el querer. 
Gritemos de verdad, desde dentro. 
Gritemos como si tuviésemos motivos por los que gritar.
Gritemos como si tuviésemos motivos por los que querer. 
Querámonos como si estar juntos no fuese una excusa para hacerlo. 
Estemos juntos porque nos queramos.
Elige mi risa de entre todas y prometo reír contigo.
Elige lo que quiera que veas en mí y veámoslo juntos.
Cuéntame lo que ves cuando te llevo a lo más alto y te llevaré todos los días. 
Cuéntame lo que ves cuando vuelas, y volemos.
Termina ya ese cigarro, que te voy a enseñar las nubes por fuera y lo que mi sonrisa siente por dentro.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Han sido muchos meses de olvido, 
y, descuidado yo,
casi olvido por completo los nervios,
las ganas de acercarme cuando no me ve,
y… 
Abrazarle por la espalda...
Tirarle agua cuando se despista…
Los nervios de no conocer casi ninguna de las canciones que me enseña.
Los esfuerzos por hacerle reír.
No sé qué estoy haciendo, 
porque esto, realmente, es de locos…
Pero creo merecerle, ahora, que es de noche.
Me falta el valor que le sobra a mis noches
para decirle que esta noche me merezco a alguien así en mi vida.
Puede que alguna noche sí te quedes, quién sabe, si juego mis cartas bien.
Esto es una locura…
Con gente como tú es muy fácil olvidarse de lo preciso y recordar lo bueno.
Gracias por devolver mis nervios a donde pertenecían.
Y gracias por escucharme.
-“¿Te vas a rendir ya?”
+¡No, esto acaba de empezar!